Decir que no es uno de los actos de amor propio más difíciles de practicar. Especialmente si creciste aprendiendo que tu valor dependía de ser «buena», complaciente, o de no causar problemas.
¿Por qué nos cuesta tanto?
Aprendizajes de la infancia:
- «No seas egoísta»
- «Hay que ayudar siempre»
- «No causes problemas»
- «Ser buena niña significa decir que sí»
Estos mensajes se quedan grabados y generan culpa cada vez que intentamos priorizarnos.
Qué son realmente los límites
Los límites no son:
- Ser mala persona
- Rechazar al otro
- Egoísmo
- Manipulación
Los límites son:
- Comunicar tus necesidades
- Respetar tu energía
- Proteger tu bienestar
- Enseñar a otros cómo tratarte
Señales de que necesitas trabajar tus límites
- Dices que sí cuando quieres decir que no
- Te sientes responsable de las emociones de otros
- Te cuesta pedir lo que necesitas
- Terminas agotada por dar demasiado
- Sientes resentimiento hacia personas que quieres
Cómo empezar a poner límites
1. Empieza pequeño Practica con situaciones de bajo riesgo antes de abordar las difíciles.
2. Usa frases claras «No puedo», «Ahora no me viene bien», «Necesito pensarlo»
3. No tienes que justificarte Un «no» es una frase completa.
4. Tolera la incomodidad La culpa inicial es normal. Con la práctica, disminuye.
5. Recuerda el porqué Poner límites te permite cuidarte para poder cuidar mejor de otros.